Tierra de cierzo
Nada, que no. Que no hay manera de que este cierzo se suavice o desaparezca por un tiempo. Después del último día de delicia y distracción, este miércoles podría haber sido titulado “el día del sonido y la furia”.
Un cierzo brutal, inclemente, aturdidor y sobre todo de una violencia inusitada, hizo que mi miércoles de hortal se transformara en una preocupación. Llegué armado de mis dos esquejes más de alcachofas para trasplantar y mis semillas de hierbas aromáticas, zanahorias y rábanos para sembrar. Estaba contento porque iba a dar un nuevo impulso al huerto y al llegar, me encontré con que el cierzo había roto algunos de los postes que sujetaban el cañizo y peligraba todo el trabajo que había realizado anteriormente.
Tuve suerte de que aún tuviera en el coche tres postes que me habían sobrado de las tareas anteriores y tuve que ponerlos en los huecos para sujetar el cañizo, aunque antes tuve que utilizar el pico para abrir un canalillo por donde introducir el cañizo y asegurarlo con un surco de tierra. Además de eso, tuve que asegurar los postes –una vez clavados- con unas estacas de madera para evitar que se tumbaran y partieran. Lo bueno fue que solo estábamos José –el ayudante de Jacinto, el gerente- y yo en todo el hortal, pues los hortelanos habían decidido que se estaba mejor en casa. Sin embargo, al final de la mañana apareció Juan, del que os he hablado en alguna entrada anterior, y me aconsejó poner unas cañas horizontales para dar fuerza al cañizo y evitar que se viniera nuevamente abajo. Trajo dos cañas, trajo sus bridas de plástico y ni cortos ni perezosos nos pusimos manos a la obra. Tenía razón. Lleva mucho tiempo en esto y sabe lo que dice. Quedó perfecto como podéis ver en las fotos.
Una vez solucionado el tema más acuciante, planté los dos esquejes de alcachofas y compré cincuenta plántulas de cebolla de Fuentes. Repasé las anteriores, cubrí con compost y planté las plántulas. Después lo regué todo y esperé que el cierno no maltratara demasiado lo recién plantado.
Corté el último cardo, arranqué las raíces –que eran grandes y gruesas-, removí un poco la tierra y pasé a limpiar otro bancal de mentas, y otras plantas –caléndulas y fresas entre ellas- que estaban allí abandonadas y en mal estado. Dejé el romero, pero tomé la determinación de quitarlo del medio la siguiente escapada.
No labré nada ni hice más porque no tenía fuerzas, ni ganas ni el aire me dejaba hacer mucho más. Decidí dejar para la próxima semana plantar unas lechugas y unas borrajas. Ah, aproveché también para aplanar las lomeras que había hecho el otro día, pues llegué a la conclusión de que como son “bancales profundos” y tienen riego por goteo, no necesitan que les haga lomeras ni surcos para el riego. Así que lo aplané y confié en que la decisión sea acertada.
Desde la gerencia del hortal nos llegó información de tres cursos que van a darnos a los nuevos: uno de plantaciones para primavera y verano; otro de riego por goteo y el tercero y último del control de plagas. Son muy interesantes y espero aprender lo suficiente para no tener que dar mucho la matraca a los vecinos y compañeros.
Las fotos que realicé son las siguientes:


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