Terminando de poner el huerto a punto

Lo del cambio climático es tan evidente que solo con haber estado aquí los pasados quince días sería suficiente para confirmar cualquier suposición, si es que alguien no ha tenido suficiente con todo lo que nos viene pasando últimamente.

Después de unos días de cierzo brutal y casi tempestuoso, llegaron las nieves, el frío, las lluvias abundantes y finalmente, este miércoles pasado, la suavidad de la primavera que se avecina. Nada podía hacernos suponer que el día sería tan maravilloso, pues nos avisaban de que era un miércoles entre dos borrascas salvajes. Y realmente fue como estar en el ojo del huracán, donde la paz se expande mientras a pocos kilómetros ruge la devastación y la destrucción. El día amaneció maravilloso, con una temperatura suave, con apenas viento y con un sol delicioso y acariciante que no solo templaba el cuerpo sino también el ánimo y el alma. Con un tiempo así no hay nada que se nos ponga por delante.

A las diez la emprendimos –y pluralizo a sabiendas de que yo actué más como chico de los recados que como artífice- Jacinto y yo con la re-instalación del riego por goteo en el huerto. Preparamos el material (tubos, codos, “tes”, llaves de paso, herramientas, soplete, tijeras, pico…) y nos fuimos a cara de perro al huerto. Desmontamos la instalación anterior y le dimos la vuelta, ya que lo que pretendíamos era enviar el agua por el otro lado del huerto, de tal forma que nos facilitara el paso a los diferentes bancales. Tiramos el tubo ciego y lo sujetamos a las cabeceras de los bancales, fuimos cortando e instalando llaves en la entrada de cada bancal y así hasta completar toda la tirada. Después cortamos los tubos ya agujereados y extendimos tres por cada bancal (aprovechamos los que ya estaban de antes y solo completamos los que faltaban). Pusimos los tapones del final de cada tubo y picamos para enterrar la goma que comunica el grifo con la línea principal. Tuvimos que usar el soplete (cosa que jamás habría pensado hacer) para poder meter con facilidad los codos, llaves y demás piezas. Y se nos fueron las horas como sin enterarnos.

Y para terminar la mañana descubrimos una parte de la goma que atravesaba y sindicaba el huerto del vecino a este huerto y que, involuntariamente había agujereado al instalar los postes para la tela metálica. Encontramos el boquete por donde perdía, le pusimos una conexión (dos para ser exactos) y verificamos que ya no perdía. Con esto y con tomar nota de todas las piezas y materiales que habíamos utilizado concluimos la mañana. Y felices como perdices. Desde luego Jacinto sabe un montón y si no llega a ser por él, todavía estaría en el huerto pensando en cómo hacer lo del riego.

Por la tarde, a pesar de sentirme cansado, decidí terminar lo que tenía previsto para el día: preparar unos marcos donde sujetar la tela metálica y que me sirvieran de puertas del huerto. No tenían que ser demasiado grandes, ya que es simplemente una mínima protección frente a los conejos, ni tampoco demasiado pesadas, ya que hay que moverlas cada vez que uno accede a los bancales. Así que cogí los postes que me sobraron de cercar el huerto, tomé las medidas y pasé a sujetarlos con unos tornillos. Gracias a Dios, Jacinto tenía tornillos más largos que los míos, porque si no habría perdido la tarde. Reforcé las uniones con alambre y embridé la tela metálica. Una vez hecho esto, ya solo me quedaba poner unas cuerdas alrededor del poste que sirvieran como bisagras y recogerlo todo y marcharme a casa. Curiosamente no me di cuenta ni de la hora que era, pero se me pasaron las dos horas y media en un segundo. No me siento muy feliz con el resultado de las puertas (porque evidentemente se podrían haber hecho mucho mejor), pero mientras sirvan durante un tiempo, luego ya veré de hacerlas más estéticas y eficaces.

Mi esposa y yo decidimos perdonarle una semana más la vida al cardo que ha quedado en los bancales y que suponemos espontáneo. Igualmente a las caléndulas y a unas empequeñecidas matas de fresas que hay en uno de los bancales.

Para la semana que viene, si el tiempo es clemente, tengo ya pensado el ir plantando las patatas, las cebollas de fuentes, las alcachofas, alguna lechuga, borraja y las plantas aromáticas (cebollino, perejil, cilantro, albahaca, …). También quiero quitar las cañas y los restos que había del antiguo dueño y limpiar bien los pasos, con el fin de preparar una esquina para plantar tres o cuatro rosales que nos alegren la vista.

Las fotos de lo que hemos hecho esta semana son las siguientes:

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