Suave primavera
Amaneció un miércoles suave, primaveral , acogedor y divino… pero yo… ¡me dormí! ¡Qué bien se estaba en la cama!
Y llegué más tarde que de costumbre. Pero todo se dio bien. Y era maravilloso verse acunado por la suave brisa y por los rayos del sol en lugar de por el cierzo brutal y maldito que luego, en verano, estaremos deseando ver para que nos libre de los ardores de julio y agosto.
El caso es que decidí que era buen momento para probar finalmente el riego por goteo, para verificar las salidas y por si había pérdidas. Compré un aparato para convertir el grifo en dos salidas independientes de agua y un adaptador para el trozo de goma que comunica con el riego por goteo. Lo instalé y, antes de dar el agua, me puse a colocar en cada corte unas abrazaderas de plástico que servirán para que, cuando apriete el calor o haya demasiada presión, los tubos no se separen e inunden los bancales. Lo probé y funcionó perfectamente. ¡¡Bravo, Jacinto!! (Por cierto, aproveché la tarde que me lo encontré para darle las gracias por tan buen y eficaz trabajo).
Aproveché para regar las alcachofas, las cebollitas de fuentes plantadas la semana pasada y para poner unos cuantos tornillos en las maderas de los bancales.
Di el agua y comprobé que en uno de los cortes había una pérdida de agua. Quité el trozo de manguera deteriorada y lo sustituí por otro trozo nuevo, le aseguré las abrazaderas y procedí a probar otra vez. Todo salió de maravilla, aunque comprobé que algunos de los goteros de los tubos grandes no funcionaban o se habían extraviado, lanzando un chorro grande y continuo; en los microtubos había también pérdidas de goteros y escasez en la medida de los tubos. Así que me acerqué a la tienda y lo comenté con José, el ayudante, y lamentablemente no tenían accesorios de los microtubos, así que decidí que los buscaría en algún gran almacén y los pondría la semana próxima.
Después de dejarlo todo organizado, pasé a poner con la ayuda de mi vecino José una caña en el otro cañizo para evitar que se pudiera romper si se nos venía encima más cierzo. Lo hicimos raudos y veloces y de ahí pasamos a estrenar el nuevo serrucho cortando los postes interhuertos que resultaban bastante altos y molestaban al pasar. Los reduje a 70 centímetros y quedó muy aparente pero sobre todo, cómodo.
Como hacía tan buen tiempo, decidí que por la tarde volvería a pasar por el huerto para labrar algunos trozos de los bancales que habían quedado sin remover. Quité el romero viejo, lleno de nudos y con pocas hojas y ninguna flor. Labré las zonas y aproveché para sembrar las hierbas aromáticas que había comprado el mes pasado: albahaca, rúcula, salvia, perejil, coriandro (cilantro) y cebollino. Me recordó mi mujer que plantara eneldo, pero ya lo haré la semana que viene.
Como ya estaba metido en harina, decidí sembrar las zanahorias y las rabanetas, así que hice un surco ancho y sembré las rabanetas, lo más esclarecidas posible. Hice lo mismo con las zanahorias. Las regué para que la tierra estuviera bien húmeda y favorable. Y como todo me parecía poco, compré diez lechugas maravilla y cinco borrajas y las planté en dos surcos, con idea de que para dentro de un mes o cinco semanas poder comernos alguna. Con las borrajas decidí que solo cinco eran suficientes, porque cuando hace calor, apetece poco comerlas con patatas.
Y hoy jueves, por la tarde, he ido de nuevo para ver si necesitaban algo de agua. Y estaban preciosas todas: les he echado un poquito de agua y me he venido muy orgulloso del trabajo realizado.
Mañana creo que iremos a ver el huerto con mi cuñada, Sara, y con su hijo y nietos que han llegado de Pamplona y que les apetece verlo, porque no lo conocen.
Para la semana que viene corregiré los fallos del riego y plantaré alguna cosita más: por ejemplo, algunas flores.
Las fotos que hice son estas:


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